Un habitante del pasado

Como es sabido por los amantes de las mejores historietas en nuestro tiempo, un día, el aventajado y pendenciero Rodrigo de Lévula,  descubrió que más allá de los terrenos de su hacienda, cruzando las montañas marinas de la costa portuguesa, brillaba una luz extraña, como parpadeante y salpicada de los colores del arcoiris. Rodrigo, interesado por tan espectacular asunto, se dirigió en una pequeña embarcación hacia las montañas. Llamaban a las formaciones "montanha do mar" que, sin ir muy lejos, es precisamente lo que significaban, pues se trataba de una elevación en medio del mar que se erigía como montaña y, más allá de ella, solo había agua. Estaba inhabitada y pocas personas la frecuentaban por ser conocida como el espacio donde extrañas criaturas tenían su guarida. Una vez allí, solo y sin más que una espada en la espalda y un hacha en las manos, se abrió paso entre la maleza hasta que conquistó la cima y logró asomarse al lugar del que provenía la luz. De más está decir que todo esto es parte de la historia oficial del primer contacto entre reinos, basado en las memorias de su familia.

Gracias a los estudios de los arqueofísicos sabemos que se trataba del resplandor generado por un portal dimensional que transportaría a gran parte de el continente europeo a un mundo en el que solo existía nuestro continente, lo que ellos bautizaron como "las américas" (los españoles, que fueron quienes primero divisaron el terreno, pues eran familiares de Rodrigo que atravesaron Portugal al enterarse, gracias a Norberto, hijo de Rodrigo, de la locura de su padre). He aquí la noticia de la semana y por la que me permito interrumpir nuestro cubrimiento de la vida del caballero don Alméredus Beneréges, y es que el portal ha transportado al señor Rodrigo de Lévula a nuestros días. Sucedió hace dos semanas, en el denominado "horizonte de sucesos", en que se encuentran los vestigios de la grieta dimensional originaria del antiguo transporte, donde ha sido encontrado por un grupo de estudiantes de  antropología el mismísimo Rodrigo de Lévula, a quien sus antepasados dieron por muerto hace ya más de quinientos años. 

Las autoridades que custodian la reserva natural de Montanha, se han hecho cargo del hombre y varios expertos se encuentran estudiandole para que pase su estado de shock y sea pronta su recuperación. 

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