Un habitante del pasado
Como es sabido por los amantes de las mejores historietas en nuestro tiempo, un día, el aventajado y pendenciero Rodrigo de Lévula, descubrió que más allá de los terrenos de su hacienda, cruzando las montañas marinas de la costa portuguesa, brillaba una luz extraña, como parpadeante y salpicada de los colores del arcoiris. Rodrigo, interesado por tan espectacular asunto, se dirigió en una pequeña embarcación hacia las montañas. Llamaban a las formaciones "montanha do mar" que, sin ir muy lejos, es precisamente lo que significaban, pues se trataba de una elevación en medio del mar que se erigía como montaña y, más allá de ella, solo había agua. Estaba inhabitada y pocas personas la frecuentaban por ser conocida como el espacio donde extrañas criaturas tenían su guarida. Una vez allí, solo y sin más que una espada en la espalda y un hacha en las manos, se abrió paso entre la maleza hasta que conquistó la cima y logró asomarse al lugar del que provenía la luz. De más está decir...